jueves, 17 de mayo de 2012

JESÚS. Muerte Científica. ¿Derrame Pleural?

Frecuentemente nos encontramos ante textos como el siguiente:


Muchos, en un intento de demostrar "conocimiento" de las cosas de Dios, se han aventurado a afirmaciones acerca de la muerte clínica de Jesús. Esto de plano sabemos que no aporta nada a la historia de la salvación, y solo es una de tantas cosas de las que muchos hablan con cierta propiedad, pero que ignorando los principios básicos de la fe, no reparan en evidenciar posibles falacias que se esconden entre sus lineas. Apresurado sería asegurar que el argumento tiene un origen protestante aunque parece estar claramente implícito, pero de un tiempo para acá viene haciéndose tan común y repetitivo en algunas predicaciones católicas, que su origen ya no puede ni siquiera ser imputado a alguien en particular.

Cuál de tantas torturas conocidas fue la que generó la muerte del Señor y en que orden se fue extinguiendo su vida, pues no puede saberse. Pero ciertamente hay 2 cosas que están bastante equivocadas en la mayor parte de razonares de los artículos de este tipo, que no se detienen en pensar en la fe sino en una mera óptica médica.

Estos errores son asegurar:
1. Perforación de Ventrículo
2. Síndrome pleural con derrame (hidrotorax o derrame pleural)

Ambos diagnósticos se derivan del relato de la perforación con la lanza por parte del soldado romano y del hecho de que del costado de Jesús salio sangre y agua al ser atravesado.

Juan 19:31-37 Los judíos entonces, como era el día de preparación para la Pascua, a fin de que los cuerpos no se quedaran en la cruz el día de reposo (porque ese día de reposo era muy solemne), pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y se los llevaran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero, y también las del otro que había sido crucificado con Jesús; pero cuando llegaron a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas; pero uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua. Y el que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis. Porque esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: NO SERA QUEBRADO HUESO SUYO (Cf. Éxodo 12:46, Números 9:12, Salmos 34:20). Y también otra Escritura dice: MIRARÁN AL QUE TRASPASARON (Zacarías 12:10).

Tal relato pues muestra un gran momento profetizado desde siglos antes, no es un momento para tomar a la ligera en una vacía e intrascendente interpretación moderna.

El primer error salta a la vista, Jesús NO MURIÓ por ser atravesado por una lanza, tal evento es evidentemente posterior a su muerte. Entonces simplemente no puede ser contada como una causa de la muerte.

El segundo y el GRAVE error está en insinuar que la sangre y agua que brotaron del costado de Cristo quieren decirnos un diagnóstico de la condición de Cristo en la cruz osea un presunto "derrame pleural", que es una acumulación de líquido en la membrana que rodea los pulmones.
Es ingenuo pensar que el escritor sagrado, que evidencia incluso a un testigo importante en medio de la escena, lo que está haciendo es detenerse a dar claves científicas de la muerte de Jesús, haciendo de esta sangre y agua un fenómeno netamente de observación y carente de trascendencia.

El Agua y la Sangre son ambos elementos tangibles que manan de Cristo y comunican la gracia de Dios


Diciendo esto, muchas cosas se vienen instantáneamente a la mente y adquieren claridad, entre ellas el bautismo y evidentemente como algo más allá de un signo, algo que nos identifica y diferencia de manera significativa de las teologías protestantes, por eso la labor frente a este tema depende más de nosotros como católicos el explicarlo.

El Episodio de la salida de agua del costado de Cristo y el agua del templo:
Ezequiel 47: 1-9.12 En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: "¿Has visto, hijo de Adán?" A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: "Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales."
Al ver el pasaje del profeta Ezequiel, el agua del Templo (que jamás emanó verdaderamente del Templo de Jerusalem), se puede identificar claramente como el agua bautismal, un agua viva que al brotar directamente de Cristo como Templo de Dios es un río de agua abundante y medicinal que no deja de manar. Salta a la vista, que esta agua dista mucho de ser meramente un signo del poder de Dios, más una fuente efectiva que trasmite la medicina necesaria para la purificación del hombre caído: LA GRACIA traída por Cristo al mundo por la efusión del Espíritu Santo (Juan 4,13; 7,38-39).

De manera que la aparente inocencia del argumento del derrame pleural, se encuentra en directa contravención con la debida y contextualizada interpretación del bautismo, y en lugar de educar en la sana doctrina de Jesucristo, solo distrae en entretenidas novedades que no solo no aportan nada a la fe, sino que la suplantan sutilmente. ¿Cuántos saben hoy de la muerte científica de Jesús pero son incapaces de comunicar a otros acerca de los sacramentos y como se identifican en la Sagrada Escritura?

Interésese por las Sagradas Escrituras y en una adecuada interpretación de las mismas y forme desde hoy parte de los nuevos educadores en la fe por los que tanto clama la Iglesia en el proceso de la nueva evangelización.

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