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domingo, 25 de noviembre de 2012

Manual de Buenas Prácticas en la Santa Misa

Este es un pequeño documento, que nos permite ver, conocer y repasar sobre el adecuado comportamiento del fiel católico en la Santa Misa. Espero les sea de alto provecho educativo y herramienta catequética.

1. VISTE DECENTEMENTE, VAS A LA CASA DE DIOS.
- Estás a puertas de la celebración del sacrificio de Cristo en la cruz, vístete con lo mejor que tengas.
- La misa no es solo un evento que sucede en día de descanso. Usar traje formal o vestido, muy deseable, pero la mejor vestimenta casual que tengas vendrá bien. Zapato cerrado y el uso de calcetines es no menos que un asunto de urbanidad en situaciones formales, así mismo lo es y con mayor razón para la Santa Misa.
- Viste bien, pero porque vas a visitar a Dios en su casa, no para que te vea la gente.
- No lleves vestimentas atrevidas, ni pijamas, ni shorts, ni vestimentas deportivas.
- El velo no es práctica obsoleta para el rito latino ordinario. Si la mujer se siente llamada a usarlo, esto es práctica santa, aunque usarlo hoy por hoy es práctica opcional.
- Ten para tus hijos una o varias vestimentas cómodas para la Misa e incúlcales su importancia.

2. AYUNO EUCARÍSTICO.
- La Iglesia nos exige por norma un ayuno de 1 hora de comida y bebida antes de la sagrada comunión, a excepción del agua y las medicinas (C.D.C 919). Esto no es indultable, y violarla a consciencia es sacrilegio. Incluye el chicle antes y cuanto más, durante la celebración.
- En la usanza tradicional (donde la misa dominical es matutina), el ayuno eucarístico se hace desde las 12 de la noche del día anterior hasta el momento de la comunión (¿por qué no hacerlo de tal forma como preparación para la Misa Matutina?)
- La razón de esto es la preparación y correcta disposición para recibir el Sacramento y actuar propio de quien identifica la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.

3. REVISA LAS LECTURAS CON ANTERIORIDAD.
- Es recomendable prepararse a las lecturas del día mediante un misal del año o consultándolas en Internet. Esto te ayuda a participar de mejor manera en las lecturas y las oraciones. Cuando ya has preparado las lecturas del día tienes una buena idea de lo que el dice el Señor para recordarlo y entender mejor la homilía.

4. LLEGA SIEMPRE PUNTUAL A LA SANTA MISA.
- Conoce los horarios de cada misa y llega antes de la hora indicada, ojalá para prepararte en oración.
- Las campanas, de haberlas tienen su función y suenan cada 15 minutos. La primera llamada nos recuerda la misa. La segunda nos dice que salgamos de casa para irnos al Templo. La Tercera llamada le corresponde al Párroco para ya salir a celebrar la Misa. Ya estás tarde. Recuerda que el precepto dominical (mandamiento de la Santa Madre Iglesia) es oír Misa completa en domingos y fiestas de guardar.

5. REVERENCIA A CRISTO SACRAMENTADO Y AL ALTAR.

Al pasar frente al altar.
- Entras al templo. Tu primera acción como católico del rito latino, debe ser buscar el Sagrario (y/o a la custodia con el Santísimo expuesto de estarlo). Habrá una luz encendida indicando su lugar si es que hay confusión acerca de dónde y dónde no está reservado el Sacramento.

Frente al Sagrario o el Santísimo
Sacramento expuesto.
- Allí estará tu Señor todos los días salvo en Viernes Santo. Si la salud te lo permite, aunque estés distante del sagrario, rodillas ambas o al menos rodilla derecha al suelo (genuflexión), como señal de respeto ya que estás frente al Señor de Señores. Identificarlo y adorarlo debidamente ha de ser prioridad para ti. Si tu recorrido dentro de la parroquia incluye el paso de lado a lado de la misma frente al altar, tu comportamiento ha de ser reverencia profunda, cuantas veces pases aunque no haya empezado la Misa. Si ya está el Señor en el altar, rodilla derecha al suelo. Si la parroquia fuera exclusiva del rito extraordinario (Misa Tridentina), el altar y el sagrario estarán juntos. En este caso el comportamiento es el propio al Santísimo Sacramento, es decir la genuflexión.

6. EL SILENCIO Y TU ACTITUD ANTES DE LA MISA.
- Considera que la misa es algo sagrado, tu momento y el momento de otros con Dios. No habrá nada más importante que eso y que no pueda esperar 45 minutos. Por ello apaga o silencia tu celular, nunca lo pongas con vibrador porque te distrae y te hace dependiente.
- Habrá personas orando, otras confesándose o preparándose para hacerlo. Permanece en silencio u orando como preparación personal y para respetar el momento de los demás con Dios.
- Controla a tus hijos. Evita que suban los pies a las bancas y a los reclinatorios. No lleves juguetes y edúcalos en el respeto propio del momento sagrado. Si son muy menores, y no puedes encomendarlos a alguien, procura hacerte en las bancas del final, por sí resulta la necesidad de salir a consolarlos en el caso de que lloren.
- Como el templo no es lugar de comitivas o tertulia, no te sientes con las piernas cruzadas como en los actos o reuniones sociales.

7. LA MISA NO ES MOMENTO DE LECTURAS O ACTOS DEVOCIONALES.
- No es momento para leer otras cosas ni para hacer oraciones no propias de la Misa, como rosarios, coronillas u otras devociones.  Para esto están la antesala o el momento después de la celebración. Llega con suficiente tiempo o tómate un tiempo después de terminada la Misa para tus santas devociones particulares.
- Tampoco es momento peregrinar frente a imágenes dispuestas para la devoción. Esta conducta debes seguirla aun en santuarios principales mientras sucede la Misa. Únete a la celabración, o espera al momento de terminada para recurrir a tu devoción de preferencia.

8. ESTÁS EN MISA, ABANDONA TODO OTRO ASUNTO O PENSAMIENTO.
- Permítete estar en un momento en comunidad y con Dios.
- No desvalores la misa con un corazón dividido, pensando en tus asuntos fuera de Misa, estando en Misa.
- Mientras estás dentro del templo, no te ocupes en banalidades, ni mirando a los demás, mucho menos con malicia u obscenidad.
- Respeta a Dios comprometidamente con tu participación activa en el misterio celebrándose. Oídos atentos a las oraciones y lecturas. La boca dispuesta a alabar, bendecir y glorificar a Dios, concentrándote en las oraciones que el sacerdote dice y su razón de ser participando cuando corresponde y adquiriendo las posiciones propias y dignas del momento que se está celebrando.
- No es el momento de expresar afectos personales. Si estás con tu esposo (a) o novio (a), deja los cariños extravagantes para otro momento. Ahora son tú y tu pareja cada uno con Dios, vivan la Misa como pareja, pero dirigidos a Dios.
- Hablas muy duro? Procura moderar tu voz al contestar, incluso al cantar, tratando de acoplarla a la de la asamblea. Cuando tu voz resalta, distraerá a algunos.

9. SOBRE ALGUNOS MOMENTOS DURANTE LA SANTA MISA:

- LA PROFESIÓN DE FE. Cuando esta sustituye en ocasiones la recitación orante del Credo, la respuesta correcta es "SI CREEMOS" (contestación unánime de la asamblea), y no "si creo" como quien profesa una fe propia y exclusiva de si mismo.
- LA COLECTA. Si eres colaborador durante la colecta y esta se entrecruza con el momento de la consagración, suspéndela temporalmente y dirígete tú también al altar. No distraigas a los adoradores ni te pierdas este momento central de la celebración.
- EL PADRENUESTRO. No está estipulado que durante la oración del Padrenuestro las manos de los fieles estén elevadas, o que estos se tomen de las manos. A la fecha esto tampoco está censurado. Si tú sueles elevarlas, o a tomarlas con tus familiares como práctica piadosa, solo no forces a otros a seguir tu práctica personal. Algunos estarían más atentos al contacto contigo que a la oración.
- EN EL RITO DE LA PAZ. Este es momento de común abuso. Estrecha la mano de quienes tienes solo a tus lados, en señal consciente de estar en paz con el prójimo, de ese ir a reconciliarse con el hermano antes de ir al altar de Dios (Mateo 5, 23-24) y recuerda al hermano ausente al que has ofendido con tus actos. Piensa en reconciliarte pronto con él. No es momento de desorden, estiramientos, medias vueltas, desplazamientos o saludos a distancia. El Señor estará para ese entonces en el altar y tu podrías estar ocupándote como en un momento social, perdiéndote así la centralidad en el Sacramento cercano a recibirse.
- ORACIONES PROPIAS DEL SACERDOTE Y POSICIONES DURANTE LA MISA.
Sobre que posiciones tomar en la Misa y cuando contestar, ver lineamientos de la Santa Misa dialogada.
En general, son 2 los momentos que se prestan a particular confusión. Estos momentos son:
1.) En qué momento ponerse de pie, si durante el momento de la oración sobre las ofrendas o para la oración colecta.
"Oren hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro..." X (sentados).
"Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén." Levantarse. "El Señor este con ustedes.- y con tu espíritu" 
2.) La aclamación solemne es propia y exclusiva del sacerdote y no debe ser repetida por los fieles ("Por Cristo, con El y en El, a ti, Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos"). Solo habla la asamblea para contestar: "Amén"

10. EL MOMENTO DE LA COMUNIÓN.
- No olvides que para recibir el Sacramento, debes estar en paz con Dios (1 Cor 11,23-29). Pídele a Dios su gracia para luchar y abandonar ESE pecado y confiésate con un sacerdote, ojalá regularmente.
- Recibirás el gran don de la divinidad de Cristo, no es momento de saludos fuera de lugar, ni antes (cuando deberías estar haciendo tu oración personal de preparación), ni mucho menos después de recibir el Sacramento (cuando deberías estar haciendo tu momento de oración de comunión espiritual).
- Ve a tu puesto y si la salud te lo permite, ponte un momento de rodillas y habla con Dios!!!
- Recibe la Sagrada Eucaristía (el Señor mismo) en la boca y de ser posible de rodillas. La comunión en la mano es un indulto regional para circunstancias específicas, pero la forma general de la Iglesia es la recepción de la comunión en la boca y de rodillas como acto de absoluto respeto al Sacramento. Aunque tu diócesis la permita, no hagas uso innecesario y sin razón de esta práctica. Es Dios mismo, y cada partícula que queda en tus manos y que se cae es el mismísimo Sacramento que se profana.

11. ABANDONA EL TEMPLO EN SILENCIO, O CON EL CANTO DE SALIDA.
- El momento de la salida es extensión del momento sagrado de la Misa. Aún habrá gente orando anhelando extender su momento personal de intimidad con Dios. Sé sensible a sus necesidades particulares y a sus devociones colaborando con tu silencio.

Un cortísimo video recomendado de Fr. Jeremy Driscoll OSB, autor del libro "Lo que Sucede en la Misa".

viernes, 15 de junio de 2012

Misas en las Casas

Tomado Textual de: http://www.arqmedellin.com/ Por: Monseñor Ricardo Tobón Restrepo

Desde sus inicios, la Iglesia, como aparece en los textos del Nuevo Testamento, ha cumplido el mandato que le dio el Señor de hacer su memoria con el sacramento admirable de la Eucaristía (cf 1 Cor.11,24-25; Lc.22,19). Más aún, el mismo Señor resucitado inició esta práctica cuando se hizo reconocer “al partir el pan” por los desilusionados discípulos de Emaús en la tarde de Pascua (cf Lc 24,27). Por tanto, uno de los primeros actos que distinguieron a los cristianos como nueva comunidad fue “la fracción del pan” (cf He 2,42). Y desde entonces, cada vez que comemos este pan y bebemos esta copa, anunciamos la muerte del Señor, hasta que él venga (cf 1 Cor 11,26).
Ante la Eucaristía, como decía el Beato Juan Pablo II, no cabe más que el asombro, la gratitud y la apertura a la sublimidad del misterio. Es la manera de evitar la tentación de reducirlo a alguna de sus dimensiones, de volverlo una repetición ritual o de someterlo al irrespeto y la ambigüedad (cf EdE,10). De una parte, es preciso tomar conciencia de la purificación y preparación que exige la Eucaristía, pues San Pablo afirma: “Examínese cada uno a sí mismo, y después coma del pan y beba de la copa; ya que el que come y bebe sin distinguir ese Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,28-29). Llega incluso a decir que esta falta de purificación ha sido la causa de castigos con los que Dios corrige a la comunidad de Corinto.
De otra parte, es necesario tener siempre presente que, con la Eucaristía, el Señor nos da la posibilidad de un acto salvífico perfecto que realiza su presencia personal y viviente en medio de nosotros, hasta el punto que el Concilio Vaticano II enseña que “en la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia” (PO, 5). No es posible, por consiguiente, acostumbrarnos a tratar con frivolidad este don incomparable. Estas reflexiones es preciso tenerlas presentes, concretamente, por lo que se refiere a la celebración de la Eucaristía en casas de familia.
Si bien, en un sentido, puede considerarse una gracia de Dios para una familia y puede verse como la ocasión de tener una celebración íntima y gozosa de la fe, en otro, es la causa de no pocos problemas.

En efecto, podemos constatar estas dificultades:
1) Es imposible complacer a todos los que quisieran una celebración eucarística en su casa.
2) No siempre se tiene el ambiente adecuado para la celebración de un misterio tan grande y se puede terminar en una banalización o irrespeto de lo sagrado.
3) Se facilita la actuación de supuestos sacerdotes o de sacerdotes que no están en comunión con el Papa y buscan crear sus grupos o beneficiarse económicamente.
4) Se presta para la simonía, para reducir la Eucaristía a un acto social y para otros abusos.

Por tanto, sobre la Eucaristía en casas de familia sigamos las siguientes disposiciones:
1. La Misa en las casas sólo se autoriza cuando haya un enfermo en estado grave, que no puede ir al templo.
2. No se permite en una casa más de dos misas cada año y se buscará que nunca sea en sábados o domingos.
3. Debe celebrarla el párroco o su vicario o un sacerdote expresamente delegado por él.
4. Se la debe preparar cuidadosamente, celebrar con unción, aprovechar para una buena catequesis y para motivar un más claro sentido de pertenecía de los fieles a la parroquia.
5. En caso de que la celebración la presida un sacerdote pariente o amigo cercano del enfermo debe tener permiso por escrito del Párroco y esto debe darse a conocer al comienzo de la Eucaristía.
6. Las Misas de exequias, que no se celebran en el cementerio, deben celebrarse en la parroquia del difunto; es preciso exigir esto a las funerarias.
7. Por las Misas en las casas queda prohibido recibir cualquier estipendio. Así se da un verdadero y desinteresado signo de cercanía de la parroquia con las familias y los enfermos y se desmonta el contexto que muchos pueden utilizar para hacer negocio con lo sagrado.
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

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